Actividad física en la enfermedad de Parkinson


Nadie duda de los efectos beneficiosos del deporte: mejoría de la masa muscular, control de peso, efecto sobre el estado de ánimo… No acaban ahí sus virtudes, además podría disminuir la inflamación, proceso implicado en numerosas enfermedades.

A través de las últimas investigaciones vamos a ver cómo el deporte se comporta como “un buen fármaco” en la enfermedad de Parkinson (Parkinson’s disease-PD). La actividad física reduce nuestro riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas y podría modificar el acúmulo de proteínas alteradas, modular el estrés oxidativo y la inflamación e incluso aumentar la producción de factores neurotróficos.

Dra. Celia Gonzalo Gleyzes – Equipo Médico Neolife


Características de la enfermedad de Parkinson

La segunda enfermedad neurodegenerativa más común es la enfermedad de Parkinson. La mayoría de los pacientes tienen entre 50 y 60 años. Ocurre por una degeneración de las neuronas localizadas en la substancia negra (en el mesencéfalo) que produce el neurotransmisor llamado dopamina y por una pérdida de los axones (ramificación de la neurona para conducir el impulso nervioso).

Aparte de la muerte y pérdida de las neuronas, en la enfermedad de Parkinson también se dan otras alteraciones características como las inclusiones citoplasmáticas (cuerpos de Lewy, LB) y las fibrillas insolubles (neuritas de Lewy, LN). Las LB y las LN están principalmente compuestas por la proteína nuclear alfa-sinucleína (alfa-syn).

parkinson

La pérdida de dopamina en la zona estriada lleva a la aparición de síntomas motores como la bradicinesia (lentitud), temblor, rigidez e inestabilidad postural.

La enfermedad de Parkinson puede ser familiar (10%) o esporádica (90%). Los genes implicados en la forma familiar son el PARKIN, el DJ-1, el PINK1 y el ATP13A2.

A la aparición esporádica contribuyen factores como el estrés oxidativo, la neuroinflamación, la disfunción mitocondrial, las drogas, los tóxicos y los pesticidas. Otro importante factor de riesgo sería los traumatismos craneoencefálicos (véase en deportes como el boxeo).

Un estudio finlandés incluyó también el sobrepeso y la obesidad como condiciones predisponentes a la enfermedad de Parkinson.

¿Qué nos podría proteger de la enfermedad de Parkinson? Entre los factores estudiados se citan el consumo de alcohol (pero no recomendamos esta práctica que llevaría a otras demencias y patologías), de café (mejor sin torrefacto), de té negro y el tabaquismo (tampoco recomendable).

Está demostrado que los antihipertensivos, la actividad física y una dieta saludable reducen el riesgo y mejoran los síntomas de los pacientes con enfermedad de Parkinson.

Actividad física y enfermedad de Parkinson

1. Protección

Los resultados de estudios prospectivos epidemiológicos sugieren que la actividad física reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson.

2. Mejoría de síntomas motores/no motores en pacientes con enfermedad de Parkinson.

  • Correr mejora la marcha, el tono y la seguridad del paciente.
  • Bailar con frecuencia aporta beneficios en el equilibrio y en la movilidad. El ritmo de la música podría activar ciertas neuronas implicadas en el control motor, acompañándose de un aumento del flujo sanguíneo (riego) en el hipocampo y en la corteza frontal, temporal y parietal. De esta manera, la mejoría de la plasticidad neuronal llevaría a un mejor grado de movimiento, de equilibrio y de propiocepción.
  • En pacientes con una enfermedad de Parkinson moderada, el Tai Chi y el Qigong podrían mejorar la función motora y el equilibrio.
  • La práctica de yoga obtiene modestos resultados en las funciones motoras, en la movilidad, en el equilibrio, en la flexibilidad y en la fuerza en las extremidades. Ayudaría a reducir el miedo por las caídas.

Dentro de los parámetros no motores mejorados por la actividad física están: la regulación simpática cardíaca, la calidad del sueño, la atención, la memoria de trabajo, la función cognitiva espacial, las funciones ejecutivas y el estado de ánimo.

El grado de actividad física importa

La actividad física ligera (VO Max 40%-50%) reduce el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa) en el músculo esquelético y el TBARS (producto de la peroxidación de los lípidos, marcador de estrés oxidativo) y en los sóleos (músculo situados por detrás de los gemelos). No sólo estamos hablando de una reducción de citoquinas inflamatorias (mediadores) sino también de un aumento de la eliminación de los radicales libres.

Este tipo de actividad física puede reducir el estrés oxidativo y aumentar la biogénesis mitocondrial (adaptaciones que sufre la mitocondria en respuesta al estímulo contráctil) en el músculo esquelético, en la sangre y en el corazón. Recordamos que las mitocondrias son orgánulos celulares encargados de generar la energía química en forma de ATP necesaria para la mayoría de las actividades llevadas a cabo en la célula.

La actividad física moderada-vigorosa (V02max 50-80%), 40-60 minutos/día, 5 días a la semana que puede corresponder a 7 horas de marcha, 5 horas de aeróbic o 3 horas de natación a la semana en hombres y 6 horas de marcha, 4,5 horas de aeróbic o 2,5 horas de natación a la semana en mujeres, es más efectiva a nivel de prevención, reduciendo la acumulación patológica de alfa-Syn y limitando la apoptosis neuronal.

Mecanismos moleculares implicados

  • Disminución de acumulación de la proteína alfa-Syn.

La agregación de la alfa-syn es un factor de riesgo para la enfermedad de Parkinson, la atrofia multisistémica y la demencia por cuerpos de Lewy. El ejercicio físico puede reducir la pérdida de neuronas dopaminérgicas, aumentar las conexiones sinápticas y aumentar los niveles de factores neurotróficos, mejorando la discinesia en la enfermedad de Parkinson.

El deporte puede disminuir los niveles de alfa-Syn y la apoptosis neuronal, reduciendo la inflamación y la disfunción mitocondrial, mejorando la función motora de los pacientes.

Se asocia correr con un aumento de la neurogénesis en el hipocampo, que a su vez se traduce por una mejoría en lectura y en la memoria. Es importante que ese tipo de ejercicio se mantenga.

La actividad física también promueve la diferenciación de las células nerviosas que se van creando.

  • El ejercicio físico reduce la inflamación y el estrés oxidativo.

Los pacientes con enfermedad de Parkinson tienen alteraciones musculares. Se ha observado una sobreexpresión de factores inflamatorios como el IL-1beta y el TMF-alfa. La actividad física va a hacer todo los contrario, los va a reducir.

El ejercicio físico practicado con regularidad va a potenciar la capacidad antioxidante celular reduciendo la producción de las especies reactivas del oxígeno (ROS). Además, el número y la capacidad de biogénesis de las mitocondrias aumentarán.

  • Incremento del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF).

El efecto neuroprotector del ejercicio puede explicarse por los factores neurotróficos como el BDNF.

El BDNF tiene un papel vital en la diferenciación celular, en la supervivencia neuronal, en la migración, en el desarrollo sináptico (conexión entre las neuronas) y en la plasticidad sináptica.

Varios estudios han demostrado que el ejercicio físico podía tener efectos antidepresivos mediante el aumento del BDNF, y así prevenir la aparición de enfermedades neurodegenerativas.

Correr aumenta el BDNF, el NGF, el FGF-2 y la IGF-1.

  • Mejoría de la función mitocondrial

En la enfermedad de Huntington, en la enfermedad de Alzheimer y en la enfermedad de Parkinson la expresión de la PGC-1 alfa, reguladora de la biogénesis mitocondrial, está alterada. La disrupción de la dinámica mitocondrial lleva a la disfunción mitocondrial, desencadenando la muerte de las neuronas.

El ejercicio aeróbico puede modificar el fenotipo mitocondrial, aumentando las proteínas antiapoptóticas (MCL-1 y BLC-2) y disminuyendo las proapoptóticas. Recordamos que la apoptosis es una vía de destrucción o muerte celular programada o provocada por el mismo organismo.

Los pacientes con enfermedad de Parkinson tienen más vacuolas autofágicas en las neuronas que las personas sanas. El ejercicio físico también regularía los de las proteínas implicadas en la autofagia (1).

Estos interesantes hallazgos tendrían que llevar a los especialistas a prescribir ejercicio adaptado en ciertas patologías. Una vez más, hemos demostrado la importancia de la actividad física en la prevención de enfermedades y en su manejo.


BIBLIOGRAFÍA

(1) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/?term=what+and+how+can+physical+activity+prevention+function+on+parkinson%27s+disease

(2) What and How Can Physical ActivityPrevention Function on Parkinson’s Disease?


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