COVID-19: sistema inmune, suplementos y terapia de reemplazo hormonal bioidéntica


Por lo general, los coronavirus en los seres humanos causan infecciones respiratorias leves, como un resfriado común. Sin embargo, en algunos pacientes va más allá de esos síntomas y lleva a lo que se llama lesión pulmonar aguda y SDRA (síndrome de dificultad respiratoria agudo) que pueden afectar seriamente la capacidad respiratoria del paciente y llevarle a la muerte.

La mejor defensa, en este momento en el que no tenemos vacuna ni fármacos totalmente probados que curen la infección, es mantener un sistema inmune optimizado. No vamos a poder evitar contagiarnos si estamos expuesto al virus, pero sí es posible mantener la carga viral al mínimo. Para ello, en Neolife optimizamos su metabolismo con suplementación nutricional adecuada (vitaminas, minerales, compuestos naturales específicos y probióticos) y terapia de reemplazo hormonal, mediante altas dosis de melatonina y DHEA.

Equipo Médico Neolife


Estamos frente a un virus nuevo ante el que no tenemos generada inmunidad, pues nunca nos hemos expuesto a él.

En el contexto de esta emergencia sanitaria por el coronavirus COVID-19, desde Neolife queremos aportar información a la población. El conocimiento es poder y conocer a nuestro “enemigo” en esta lucha, nuestros sistemas de defensa y cómo potenciarlos ciertamente nos parece una información muy relevante.

En este artículo hablaremos de nuestro sistema inmune y sus componentes, mostraremos cómo se comporta el COVID-19 una vez que ha infectado un cuerpo y cómo es capaz de afectar al organismo invadido, y repasaremos qué nos dice la evidencia científica sobre qué podemos hacer a nivel de suplementación y a nivel hormonal.

Adicionalmente, encontraremos un artículo completo sobre la nutrición y la alimentación escrito por nuestro equipo de expertos nutricional en la entrada al blog COVID-19: el papel de la alimentación en nuestro sistema inmunitario, para potenciar nuestra inmunidad ante el ataque viral.

NUESTRO SISTEMA INMUNE

Empezamos exponiendo una explicación muy sintética de cómo es nuestro sistema inmune.

El sistema inmunitario (S.I) es el conjunto de estructuras y mecanismos en un organismo que permite mantener el equilibrio frente a agresiones externas (patógenos, contaminantes, radiaciones…) e internas (células cancerosas).

Está compuesto por una serie de células que se encuentran en nuestros fluidos y tejidos y que han sido generadas en la médula ósea.

Hay 2 tipos de sistema inmunitario, el innato o inespecífico y el adquirido o adaptativo.

El innato está presente en casi todos los seres vivos por simples que sean. Entre los mecanismos que usa están la producción de péptidos antimicrobianos, la fagocitosis -que hacen los neutrófilos y macrófagos-, el sistema del complemento, etc. El S.I. innato detecta unas señales en las células que distingue las sanas de las dañadas por quemaduras, radiación, virus, bacterias, parásitos… Las células implicadas en el S.I. innato son los macrófagos, neutrófilos, células dendríticas, mastocitos, eosinófilos, basófilos y células NK. Estas células identifican y eliminan patógenos. Las células innatas también son importantes mediadoras en la activación del S.I. adaptativo.

El S.I. adaptativo permite una respuesta inmunitaria mayor, así como el establecimiento de una memoria inmunológica. La respuesta inmunitaria adaptativa es específica de los anticuerpos y requiere el reconocimiento de antígenos que no son propios por un proceso llamado “presentación de antígenos”. Las células del S.I. adaptativo son un tipo especial de leucocitos llamados linfocitos. Las células B y T son las clases principales de linfocitos (1,2).

Hay 2 tipos de células T:

  • Los Linfocitos T citotóxicos, que matan células infectadas o enfermas cuando su receptor se liga a su antígeno específico en la membrana de la otra célula.
  • Los Linfocitos T colaboradores, que regulan tanto la respuesta innata como la adaptativa.

Los Linfocitos B, por su parte, generan anticuerpos específicos tras ser activados por un linfocito T colaborador.

coronavirus

LA INFECTIVIDAD DEL COVID-19

Pues bien, ahora que conocemos un poco mejor nuestro sistema inmune, volvemos al COVID-19.

Estamos frente a un virus nuevo, ante el que no tenemos generada inmunidad, pues nunca nos hemos expuesto a él. Se trata de un virus con una gran infectividad, con una mortalidad que según las cifras actuales es de un 2-3%, pero que probablemente sea más baja cuando tengamos mejores datos sobre el número de infectados reales (esto es, el número de fallecidos se mantendrá, pero al aumentar el de infectados con la realización de más tests, la tasa de mortalidad será menor).

Su gran infectividad se debe a varios fenómenos:

  • Se puede ser un portador asintomático durante el periodo de incubación de la enfermedad, que puede variar de 2 a 14 días.
  • Puede sobrevivir hasta 9 días en los llamados fómites, esto es, objetos inanimados como las barras de metro, el asa del carro de la compra, pomos de puertas…
  • Se transmite con mucha facilidad a través de las gotas que emitimos al toser, estornudar o simplemente hablar.

CÓMO ACTÚA EL COVID-19 EN NUESTRO ORGANISMO

Parece que una vez que ha entrado, sobre todo por vía respiratoria, se une a unos receptores en tejido pulmonar. Desde ahí hace lo que suelen hacer los virus, que es infectar las células y modificarlas para crear más copias de sí mismo, llevando a la muerte a la célula huésped, que también puede morir a consecuencia de la reacción inmune que se ha formado. Cuando muchas de las células de un órgano mueren, evidentemente su función va a verse alterada.

Por lo general, los coronavirus en los seres humanos causan infecciones respiratorias leves, como un resfriado común. Sin embargo, en algunos pacientes va más allá de esos síntomas y lleva a lo que se llama lesión pulmonar aguda y SDRA (síndrome de dificultad respiratoria agudo) que pueden afectar seriamente la capacidad respiratoria del paciente y llevarle a la muerte. Según el centro de control de enfermedades chino, el 81% de los casos son leves, el 14% severos y el 5% críticos, de los que la mitad fallecen.

Hay 2 caminos fundamentales que llevan a la muerte:

  • Algunas personas son jóvenes, con sistemas inmunitarios fuertes. Para ellos, el problema es que el virus sobreestimula su sistema inmunológico, desencadenando una tormenta de citoquinas en la que el propio sistema inmunitario de la persona ataca los pulmones, lo que lleva a una gran liberación de líquido en ellos (SDRA). Esto finalmente conduce a esa persona a “ahogarse” en sus propios fluidos pulmonares.
  • El segundo grupo tiende a ser de edad avanzada, con sistemas inmunitarios debilitados y pulmones ya comprometidos por enfermedad (EPOC, enfisema…). Para ellos, el virus puede debilitar aún más el sistema inmunitario, hasta el punto de desarrollar una neumonía, en muchos casos grave e incluso fatal, a través de desarrollar SDRA, insuficiencia cardíaca o sepsis.

¿Qué es esto de la tormenta de citoquinas que hemos mencionado?

Una tormenta de citoquinas se desencadena cuando el cuerpo percibe que el virus que le está atacando es más fuerte de lo que puede manejar con una respuesta normal. Esto puede ocurrir de diferentes maneras (5):

  • El virus puede ser tan virulento que desencadena la tormenta directamente. Esta reacción excesiva va a dañar los pulmones y otros órganos como corazón, hígado o riñón.
  • El virus puede ser tan nuevo (como en el caso que nos ocupa) que nuestro cuerpo no lo reconoce y no puede enviar a las defensas mejor entrenadas, los linfocitos B y T. Por el contrario, envía a macrófagos y células dendríticas, que son poderosas pero agresivas, y su ataque es poco específico causando daños colaterales. Este es el camino que lleva a jóvenes sanos a estados críticos de enfermedad.
  • Un virus, por sí mismo, puede no ser suficientemente fuerte para desencadenar una tormenta de citoquinas, pero sí para provocar una infección secundaria (normalmente neumonía) que en combinación con la infección inicial sí es lo suficientemente potente como para desarrollar la tormenta de citoquinas. Todo virus respiratorio, como el de la gripe, el virus respiratorio sincitial o ahora el COVID-19, pueden llevar a neumonía. Así es como la gripe mata a 600.000 personas al año en el mundo. No mueren de gripe, sino de la tormenta de citoquinas desencadenada por la infección secundaria. Los mayores con sistemas inmunes débiles son particularmente vulnerables a esta vía al ser infectados por el COVID-19 y es así como se han producido la mayoría de las muertes.

Por tanto, la mejor defensa, en este momento -en el que no tenemos vacuna ni fármacos totalmente probados que curen la infección- es mantener un sistema inmune optimizado. No vamos a poder evitar contagiarnos si estamos expuesto al virus (repetimos, nadie se ha expuesto jamás a él y nadie tiene anticuerpos contra este nuevo virus), pero es posible que se mantenga la carga viral al mínimo, de forma que no progrese a una tormenta de citoquinas, neumonía o SDRA.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA OPTIMIZAR NUESTRA INMUNIDAD?

Un correcto equilibrio hormonal y nutricional mantendrá nuestro sistema inmune funcionando correctamente, así como un buen descanso nocturno también lo favorece, mientras que el estrés lo perjudica.

Podemos potenciar nuestro sistema inmune con suplementos y productos naturales derivados de las medicinas tradicionales, terapia de reemplazo hormonal, una buena alimentación y hábitos correctos. En este artículo hablaremos de los dos primeros, los suplementos y la terapia de reemplazo hormonal.

1. Vitaminas y minerales

El apoyo inmune por micronutrientes se basa históricamente en la deficiencia de vitamina C y su suplementación en escorbuto. Desde entonces se ha establecido que el complejo e integrado sistema inmunitario necesita múltiples micronutrientes específicos, incluyendo vitaminas A, D, C, E, B6 y B12, folato, zinc, hierro, cobre y selenio, que desempeñan un papel vital, a menudo sinérgico en cada etapa de la respuesta inmune. Obtener cantidades adecuadas de estas vitaminas, minerales y oligoelementos es esencial para garantizar el correcto funcionamiento de las barreras físicas contra las infecciones y de las células inmunitarias; sin embargo, el aporte diario de estos micronutrientes necesario para apoyar la función inmune puede ser superior a la ingesta recomendada diaria (RDA). Ciertas poblaciones tienen ingestas inadecuadas de ellos y hay situaciones como la propia infección y el estrés que hacen que bajen aún más sus niveles y por ende mpodifique la cantidad que es necesario recibir. Varios micronutrientes pueden ser deficitarios, e incluso valores en el límite bajo de la normalidad pueden afectar a la inmunidad. Aunque existen datos contradictorios, la evidencia disponible indica que la suplementación con múltiples micronutrientes con funciones de apoyo inmune puede modular la función del sistema inmunológico y reducir el riesgo de infección. Los micronutrientes con la evidencia más fuerte para el apoyo al sistema inmunitario son las vitaminas C y D y el zinc (1).

2. Suplementos específicos que ayudan a incrementar las defensas

Hay, además, productos naturales que la medicina occidental ha aprendido de la medicina asiática y ha investigado y estandarizado. Así, por ejemplo, plantas -como la equinácea- tienen propiedades inmunoestimulantes: potencian la producción y actividad de linfocitos y macrófagos, aumentan la producción de interferón -que mejora la respuesta ante infecciones virales-, reducen los síntomas de infecciones respiratorias, etc.(3).

Hongos como el Reishi, Shiitake o Maitake también producen efectos sobre el sistema inmune (4). Así, el Reishii es conocido por ser inmunoestimulante e inmunomodulador. El Shiitake activa macrófagos, células T y NK y el Maitake ha demostrado estimular el S.I. innato y el adaptativo, incluso en pacientes con cáncer.

3. Los probióticos y sus múltiples beneficios para el sistema inmunitario

Capítulo aparte merece el uso de probióticos que promueven un sistema inmune saludable y reducen la incidencia de resfriados, alergias y eccema al potenciar el sistema inmune. Los últimos estudios dicen que estas bacterias beneficiosas suponen el 80-90% de nuestra función inmunológica. Tienen múltiples funciones: no sólo son una barrera para impedir la entrada de microorganismos, sino que matan patógenos como bacterias, virus, hongos y parásitos y actúan como inmunomoduladores, produciendo sustancias como la lactoferrina y vitaminas del grupo B. Estudios científicos han demostrado que suplementar con probióticos previene faringitis recurrente y amigdalitis. Otro estudio en niños de 3 a 5 años demostró que bajaba en un 53% la incidencia de cuadros febriles, un 41% los cuadros con tos y un 28% los cuadros de rinitis catarral. Asimismo, el uso de antibióticos en estos niños bajó un 84%.

¿Sólo tenemos flora saludable en el intestino? No, también está en la boca, la nariz, la piel, el tracto urinario, la vagina y los pulmones; lo cual nos enlaza con el COVID-19 de nuevo. Evidentemente las cepas bacterianas que encontramos en pulmones son muy diferentes de las que encontramos en intestino, pero sabemos que las señales desde las bacterias intestinales llegan al pulmón manteniendo esta primera línea de defensa ante patógenos. Cuando a ratones con una flora intestinal sana se les inoculó el virus de la gripe, sobrevivieron un 80%, frente al 33% que lo hizo al tener una flora alterada con antibióticos (6,7).

Por tanto, si quieres tener un sistema inmune fuerte, necesitas un buen suplemento de probióticos y ser cuidadoso con los antibióticos.

4. La melatonina a altas dosis y su caracter protector

La melatonina es una molécula con múltiples e importantes funciones. Numerosos ensayos clínicos han examinado su utilidad en diferentes campos de la medicina. Se ha demostrado su eficacia previniendo el daño celular en estados agudos (sepsis y asfixia en neonatos) y crónicos (enfermedades metabólicas y neurodegenerativas, cáncer, inflamación y envejecimiento).

Los efectos beneficiosos de la melatonina se pueden explicar por sus propiedades como potente antioxidante e inductor de enzimas antioxidantes, regulador de la apoptosis o muerte celular y estimulador del sistema inmune. Estos efectos apoyan su uso en infecciones virales que están asociadas, en muchas ocasiones, con lesión por inflamación y aumento de estrés oxidativo. En la siguiente tabla se puede ver algunos de los muchos estudios que examinan su utilidad para proteger frente a infecciones virales (8,9).

alimentos que no debemos comer

En humanos se han realizado diversos estudios para demostrar estas propiedades. Su virtual ausencia de toxicidad ha permitido que se considere su uso en combinación con las terapias convencionales.

Gitto et al. usaron melatonina para tratar neonatos con sepsis severa con muy importante mejoría de la mortalidad. Otro estudio para tratamiento de herpes simple mejoró el ratio de curación a los 7 días respecto al tratamiento habitual con aciclovir.

Además, sus efectos beneficiosos se han demostrado en combinación con fármacos habituales mejorando los resultados de su uso en solitario.

Esta misma semana, ante esta contingencia de la pandemia del coronavirus, el Dr. Darío Acuña, el mayor experto de Europa en melatonina, nos ha informado de que se va a realizar un ensayo de urgencia con altas dosis inyectables de melatonina para combatir el COVID-19 y recomienda incrementar durante todo este periodo las dosis por vía oral de esta hormona como mecanismo protector endógeno a todos aquellos que ya estén tomando melatonina.

6. La DHEA

Otra hormona que manejamos a diario en consulta con nuestros pacientes y que tiene propiedades fascinantes es la dehidroepiandrosterona (DHEA). La utilizamos en varias indicaciones y por sus importantes efectos a nivel cardiovascular (mejora todas las manifestaciones del síndrome metabólico, incluyendo obesidad central, dislipemia aterogénica, hipertensión, resistencia a la insulina y estado protrombótico), óseo (aumenta la densidad mineral ósea), cerebral (modula la respuesta al estrés, la memoria, el control del sueño y mejora el ánimo y los estados de ansiedad), sexual (mejora la disfunción eréctil, la satisfacción en el coito, el deseo sexual y la función orgásmica), en enfermedades autoinmunes (ha mostrado efectos beneficiosos en el manejo de colitis ulcerosa y Enfermedad de Crohn), etc.

En cuanto a la función inmunológica, que es por lo que hoy la hemos traído a colación, los estudios indican que de forma directa o vía conversión a otros metabolitos evoca respuestas importantes de muchos componentes del sistema inmune. Tiene efectos potentes en la producción de citoquinas, proliferación de linfocitos, aumenta las células T y NK… incluso se ha visto que tiene un efecto adyuvante en la vacunación, mejorando la producción de anticuerpos protectores (10).

En Neolife sabemos que su sistema inmune es muy importante para su salud actual y futura. Por ello, optimizamos su metabolismo, ejes hormonales y ayudamos con suplementos, nutrición y hábitos para que su sistema inmune tenga un funcionamiento óptimo.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Gombart AF, Pierre A, Maggini S. A Review of Micronutrients and the Immune System-Working in Harmony to Reduce the Risk of Infection. Nutrients. 2020;12(1):236. Published 2020 Jan 16. doi:10.3390/nu12010236

(2) Janeway CA Jr, Travers P, alport M, et al. Immunobiology: The Immune System in Health and Disease. 5th edition. New York: Garland Science; 2001. The components of the immune system.

(3) Isbaniah F, Wiyono WH, Yunus F, Setiawati A, Totzke U, Verbruggen MA. Echinacea purpurea along with zinc, selenium and vitamin C to alleviate exacerbations of chronic obstructive pulmonary disease: results from a randomized controlled trial. J Clin Pharm Ther. 2011 Oct;36(5):568-76.

(4) Lee, Kuo-Hsiung et al. “Recent progress of research on medicinal mushrooms, foods, and other herbal products used in traditional Chinese medicine.” Journal of traditional and complementary medicine vol. 2,2 (2012): 84-95.

(5) Tisoncik JR, Korth MJ, Simmons CP, Farrar J, Martin TR, Katze MG. Into the eye of the cytokine storm. Microbiol Mol Biol Rev. 2012;76(1):16–32. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3294426/

(6) Gregory J. Leyer, Shuguang Li, Mohamed E. Mubasher, Cheryl Reifer, Arthur C. Ouwehand, “Probiotic Effects on Cold and Influenza-Like Symptom Incidence and Duration in Children.” Pediatrics  124  No. 2  August 1, 2009 pp. e172 -e179. http://pediatrics.aappublications.org/content/124/2/e172.full.pdf+html

(7) Bradley KC, Finsterbusch K, Schnepf D, et al. Microbiota-Driven Tonic Interferon Signals in Lung Stromal Cells Protect from Influenza Virus Infection. Cell Rep. 2019;28(1):245–256.e4. http://dx.doi.org/10.1016/j.celrep.2019.05.105

(8) Boga JA, Coto-Montes A, Rosales-Corral SA, Tan DX, Reiter RJ. Beneficial actions of melatonin in the management of viral infections: a new use for this”molecular handyman”? Rev Med Virol. 2012 Sep;22(5):323-38.

(9) Sánchez-Barceló EJ, Mediavilla MD, TanDX, Reiter RJ. Clinical uses of melatonin:evaluation of human trials.Current Medic-inal Chemistry2010;17: 2070–2095..

(10) Prall, S. P., & Muehlenbein, M. P. (2018). DHEA Modulates Immune Function: A Review of Evidence. Vitamins and Hormones, 125–144.


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